LA FAMILIA NO  de Gon Ramos

SINOPSIS:   

Cuatro hermanos se han quedado solos en el coche en el que viajaban con sus padres. Estos últimos han bajado a comprar provisiones a la gasolinera. El destino es la playa, van de vacaciones. Nosotros asistimos a este tiempo suspendido de soledad de los cuatro hermanos. Sus edades se transforman, el coche muta, las relaciones se ponen en entredicho y la frontera entre la ficción y la realidad va a llevar a un reconocimiento

personal de todos. Vamos a vivenciar un planteamiento sobre la infancia, sobre la concepción temporal, sobre los roles familiares, sobre la deconstrucción de la personalidad y sobre el camino que es estar vivo.

 

 

Decía Jaques Derrida: “Lo que me interesa sobre los ojos es que ellos son la parte del cuerpo que no tiene edad. En otras palabras, si se miran los signos de la edad del cuerpo como el deterioro de la masa muscular, el blanqueamiento del pelo, cambios en la altura y el peso, se puede encontrar una infancia mirando los ojos. Y lo sorprendente sobre esto es que un hombre de mi edad tiene los mismos ojos que en su infancia. Hegel dice que los ojos son la manifestación del alma. Yo digo que el acto de mirar no tiene edad. Los ojos son los mismos toda la vida. Y diré algo parecido, cuando no idéntico, con respecto a las manos. El privilegio que le es dado a esta parte del cuerpo, manteniendo la idea de que el llegar a ser “hombre”, la hominización del animal, pasa por la transformación de la mano. La mano cambia desde la niñez hasta la vejez. Los ojos y las manos son signos de reconocimiento, los signos por los que se reconoce al otro. Son las partes de nosotros mismos que vemos más fácilmente. Delante de un espejo podemos vernos en general, pero es muy difícil saber para nosotros mismos cómo miramos o cómo movemos las manos cuando nos expresamos. Es el otro quien sabe que los gestos de nuestras manos y nuestra mirada son así. El otro los conoce mejor que nosotros mismos.”

 

 

   A esto, añado, ¿y las palabras? ¿Acaso no son nuestras palabras, esta ordenación comunicativa de la realidad lo que nos define frente al otro desde la infancia? La hipótesis de que el otro sabe mejor que nosotros mismos cómo hablamos. Las palabras como anclaje con ese “yo, niño”.

 

 

   “La familia No” propone investigar las relaciones familiares desde un desajuste en el tiempo vivido de los cuerpos frente a nosotros, para cuestionar las etapas de infancia y madurez de una manera radical. Los roles se invierten y los actores de más edad pasan a ser los hermanos pequeños de los actores más jóvenes. Así esta “ilusión” que se nos presenta estará pulsando en nuestro subconsciente, ya que continuamente la realidad se verá subvertida. Todos ellos son niños, y justamente no hay diferencia mayor de edad que la que se da por debajo de los diez años, ya que tener un año más o menos supone ver al otro como un gigante o como un recién nacido del que cuidar o mostrar poder. Una reflexión generacional que trata de desmadejar toda aquella información preconcebida acerca del “crecer” y mira directamente hacia “Quiénes somos, con cualquier edad” y hacia “Soy quien soy por la mirada del otro”.

 

   Esta familia de padres ausentes trata de recomponerse continuamente, buscando ese hueco inevitable que queda entre ellos.

 

   Partiendo justamente de trabajos de Derrida acerca de su famosa “deconstrucción” y de reflexiones acerca de la generación y deformación del lenguaje vertidas por Noam Chomsky en el documental “Is the man who is tall happy?” de Michel Gondry, investigaremos de dónde parte la generación del lenguaje, para qué hablamos, cómo empezamos a construir sentido y en qué orden, por qué no simplemente pegarse para ordenar, por qué no simplemente huir, por qué nos quedamos junto a la gente querida, junto a la gente que nos conoce, o que nos ha visto nacer, por qué el lenguaje surge como una sutura, como una cicatriz en esas relaciones que no tienen solución por otro medio, o que justamente se ha tratado tantas veces de resolver sin palabras y se ha fracasado en el intento, viniendo la palabra a tomar ese lugar de posibilidad. También aparecerá la “circuncisión del filósofo francés, todo aquello que nos es marcado a fuego de manera social, familiar, religiosa, etc. en nuestra infancia y de lo cual es inevitable huir.   ¿Es inevitable?.

 

 

 

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